¿Y tú a qué lobo alimentas?

“Una abuelita muy sabia estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida… Les dijo: ‘Mis muchachos queridos, escuchen este dilema que me ocurre con mucha frecuencia y es bien importante lo que les quiero contar; constantemente una vieja pelea está ocurriendo dentro de mí, es entre dos lobos; uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatría’.

Uno de los nietos preguntó con asombro: ‘¿y el otro abuela?’.

‘El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe’, dijo la abuela.

‘¿Y por qué le pasa eso a usted, si parece más bien una santa mi doña?’, exclamó uno de los invitados.
A lo que ella le respondió: ‘eso no sólo me pasa a mí hijo mío. Esta misma pelea está ocurriendo continuamente dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra’.

Los chicos se quedaron pensativos, y uno de ellos preguntó a su abuela: ‘¿Cuál de los lobos ganará?’
Y la viejita sabia le respondió amorosamente: ‘simplemente el que alimentes’”.

Siempre se ha dicho: “Eres lo que piensas”. Una afirmación simple pero muy precisa. Lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos, todo tiene su origen en la mente. La energía de la mente humana es el pensamiento. El pensamiento es como una semilla, produce su flor y su propio fruto.
Estamos acostumbrados a ver la negatividad que existe en el mundo; sin embargo, al dirigir constantemente nuestra atención hacia ella, no hemos conseguido cambiarla por lo mejor. Tenemos que ser conscientes de que donde quiera que se dirijan mis pensamientos, es ahí donde irá también nuestra energía.
Concentrándonos ahora en el aspecto positivo de nosotros mismos, hacemos algo constructivo para llevar a cabo un cambio en nosotros y en nuestro entorno inmediato. Esto se puede entender como el mayor desafío de nuestros tiempos para el que necesitamos valentía y autoconfianza.
Es importante aclarar que una cosa es ser positivo y otra es estar fuera de la realidad, he escuchado personas diciendo: “Por favor, ¿qué filosofía es esa?, estar alegre y con buena actitud, ¿qué es eso de ser positivo?, si la realidad es que el gobierno, la economía, el dólar, las elecciones…”. En fin, por supuesto que esta situación nos afecta a todos y debemos trabajar para cambiarla en colectivo, pero tampoco quiere decir que usted se va a convertir en un neurótico y en uno de esos individuos que les llaman personas-virus, porque donde camina va dejando la estela de la negatividad y además le causa enfermedades.
Pensar positivamente significa ver los problemas y reconocer su realidad, pero al mismo tiempo ser capaces de encontrar soluciones a ese problema. A menudo esto requiere tolerancia, paciencia y sentido común. Es fácil ser pesimista, así como ser optimista, pero necesitamos ser muy cuidadosos y maduros si queremos ser realistas. Una persona que piensa positivamente será consciente de las debilidades de los demás a su alrededor, pero aún así dirigirá su atención hacia las buenas tendencias de los demás.
Nuestra mente se hace fuerte y sana si la alimentamos con pensamientos positivos. Una mente sana se convierte en la base para una personalidad equilibrada. Nuestros pensamientos, sean positivos o negativos, crean nuestra conciencia y nuestra actitud hacia los demás o sobre las situaciones.
Como decía la abuela sabia de la historia, es natural el parloteo mental, es natural que exista esa ambivalencia mental. Un maestro de la India dice que la mente tiene característica de un mono loco; es decir, brinca aquí y allá, de un pensamiento a otro. Lo importante es estar claros y conscientes que no somos la mente, ni esclavos de la misma y en la medida que tengamos claridad de que ese par de lobos son parte de nuestro diario vivir y estémos vigilantes de nuestros pensamientos, en esa medida nos convertimos en personas equilibradas y apostando siempre a la alimentación del lobo de la bondad, el positivo, el del amor, de la paz y la armonía.
Realmente, la forma en la que afrontemos a los demás o a las situaciones, depende completamente de nuestra actitud. Algunos, por ejemplo, consideran una botella de agua medio vacía, mientras que otros la consideran medio llena. Para las personas con una actitud positiva, todos los obstáculos serán simplemente una oportunidad para mejorar aún más, no para reaccionar con negatividad. Se dice: “Así como es tu actitud, así es tu mundo”.

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