Emprendimiento colectivo de habitantes a ciudadanos.

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               Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

               Albert Einstein

Reciban un abrazo amoroso, mis amados lectores, qué felicidad encontrarnos de nuevo en este día tan maravilloso y que además nos acerca cada día, para  pararnos en la brecha que nos une por una buena causa, los invito  a revisar un par de conceptos: habitante adj. Que habita.com. Cada una de las personas que constituyen la población de un barrio, ciudad, provincia o nación.

 Ciudadano: Miembro de la comunidad organizada de un estado que posee unos derechos y está obligado a cumplir ciertas normas y deberes: todo ciudadano tiene derecho a vivir en paz y a convivir en libertad.

 

Observamos la brecha distante  en los significado, la misma que nos separa a nosotros de esa zona de cautividad que llamamos individualismo  donde se dibuja perfectamente que no es igual habitar en un lugar a ejercer la ciudadanía, es importante que aprendamos a ser ciudadanos, eso implica inclusive ser mejores seres humanos, en la medida que nos importe lo que le sucede a nuestros semejantes, al bien común  y todo el aspecto social y humano que conlleva a la interacción social efectiva,  implica a su vez esta  autogestión en la cual estamos evolucionando y que no  debemos estar afectados directamente por alguna situación externa o ideología para luchar por eso, se trata de ejercer los deberes y derechos ciudadanos, es muy egoísta ¨habitar¨ en una zona de “confort” esperando que el resto haga algo, porque es “su deber y no el nuestro” a pesar de ser los afectados principales, permítame hacerle una pregunta ¿Es que acaso, usted no es parte de la sociedad? Vamos a reflexionar acerca de este emprendimiento social colectivo,  porque  un país se construye con la unión de los ciudadanos a través de la ética que a su vez dice mucho del rol que cada uno ejerce en la sociedad, tanto en el aspecto individual como en el colectivo.

 

            Los invito a conocer juntos está historia. Había una vez un hombre que le pedía a Dios, que por favor cambiara el mundo. Él pensaba que  el único correcto era él  y notaba que todos actuaban de forma errada, los consideraba injustos, ignorantes y cada día notaba como las personas se comportaba pero, parecía que involucionaban. No soportaba tanta locura colectiva, vivía amargado y frustrado por no poderlos cambiar, poco a poco hasta se fue acostumbrando a los malos tratos, el tiempo pasaba y todo seguía igual, nada cambiaba sólo el tiempo que lo hacía más viejo, entonces un día, conversando con Dios, le manifestó su frustración al ver que nadie cambiaba y le dijo: “Querido Dios, en vista de que el mundo no cambia tan sólo me conformaría que mi familia lo hiciera”.

 

            Al cabo de un tiempo y después de reflexionar que ni el mundo, ni su familia había cambiado, le dijo nuevamente: “Padre, en virtud de que mis peticiones no se cumplen, entendí que por algo no sucede, porque tu por lo general me cumples, ayúdame a cambiar, al menos a mí”, y Dios le respondió: “Eso es lo que debiste pedir desde el principio, te lo trate de mostrar pero no me quisiste escuchar, lamento decirte  te quedan pocos días de vida”.

 

            Criticamos y no hacemos nada por cambiar, tampoco creemos que si nosotros cambiamos  tendremos otra dirección y una mejor actitud para abordar las distintas situaciones que se nos presentan a diario. Si nos detuviéramos un instante a observar lo que sale de nosotros, cómo actuamos, podríamos darnos cuenta que necesitamos una revisión y por ende un cambio, y de esta forma, evitaríamos derrochar energía en situaciones desgastante en las que, si no aportamos soluciones, somos parte del problema.

            Ahora bien, nos preguntamos: ¿Realmente queremos el cambio? ¿Queremos transitar en una sociedad coherente, armónica y sentir que estamos rodeados de personas justas? Tan  sólo un día de nuestra vida puede ser el mejor ejemplo para analizar las respuestas del entorno a nuestras reacciones: ¿Cómo reaccionan los demás cuando nosotros les hablamos? ¿Cómo nos reciben? ¿Cómo toman nuestros enojos? Vamos observando al menos por un día, sin elegir, sin pensar que tenemos la razón, neutrales a ver qué sucede.

 

Si las respuestas no nos satisfacen, el indicador nos muestra que tenemos que cambiar nuestra manera de pensar, hablar y actuar, al parecer la gente está enferma de rabia, de violencia y cuando consideran que su enojo está justificado, la situación empeora. La decisión de cambiar es personal,  la actitud es muy importante para mejorar las relaciones humanas y crear un ambiente verdaderamente humano en el colectivo, que a su vez redunde en un beneficio social. Se puede reclamar sin agredir y lograr soluciones equilibradas.

 

 Es importante que el trabajo comience primero por nosotros mismos, la familia, el trabajo, condominio  a través de acciones efectivas y un diálogo asertivo, logramos los cambios, he visto gente que critican a los gobernantes en su forma de actuar y en sus casas y trabajos se comportan igual o peor de lo que critican pero jamás reflexionan que somos espejos, una realidad dura, lo que rechazamos de los demás lo tenemos, es hora de quitarse la máscara y sincerarnos porque cambiando el mundo desde los grupitos y reunidos en parrillas, no funciona, para muestra un botón.

 

 Vamos a emprender y a comprometernos como socios para  empeñarnos en ser mejores seres humanos y desde ese sentir ético profundo e inspirar a otros para lograr esa Venezuela donde el gentilicio vuelva a brillar y unidos trabajamos por el bien común, el único requisito para ser socios de este emprendimiento es estar convencido de que se puede ser mejores seres humanos y que juntos podemos avanzar a pasos agigantados, comencemos a dejar de ser habitantes para revestirnos de buenos ciudadano, ninguna persona que no sea un buen ciudadano puede ser un buen profesional, menos un político y servidor social.  La sociedad refleja nuestras creencias y forma de pensar. La buena noticia es que juntos somos un poder de cambio en positivo.

 

 

@tania_comunica

radioinformativa@gmail.com

Facebook: Brechas para emprender con Tania García

 

 

 

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