Lección canina para retomar el camino.

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“No es cobarde quien no tiene miedo, sino quien no sabe conquistarlo.”

Nelson Mandela

Un cuento Sufí:

            Le preguntaron a un sabio: “¿quién te guió en el camino?”. El sabio contestó: “un perro. Un día lo encontré casi muerto de sed a la orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua, se asustaba y se alejaba creyendo que era otro perro. Finalmente, fue tal su necesidad que venciendo su miedo, se arrojó al agua y ‘el otro perro’ se esfumó.

El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y la barrera que lo separaba de lo que buscaba había desaparecido. De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando comprendí que ‘mi y’ era ese obstáculo. Fue la conducta de un perro la que me señaló por primera vez el camino”.

            Que enseñanza tan profunda  es muy sencillo  identificarse con alguna situación similar. La vida trascurre desde una creencia, si creemos que somos ganadores, pues ese sendero se reafirmará a lo largo del camino y las experiencias certificarán con hechos este pensamiento. Si por el contrario, usted está convencido que es un perdedor, aunque se empeñe en disimularlo, también se verá transitando por un trecho muy fuerte; el camino de la vida será una batalla aguerrida de distintos matices; tratará de ocultar ese pensamiento que lo atormenta; además, eso de sentirse un fracasado y tratar de demostrar lo contrario, hará que se desgaste y lo encontraremos con una máscara de violencia y mal carácter. Y es hasta comprensible porque está luchando con su enemigo más cercano: usted mismo. 

Así comiza la batalla de los egos, las mentiras, la vida inventada, las máscaras; pero en el fondo, usted sabe que todos los días tiene una cita con esa “verdad”, sus creencias ocultas, esa parte fea suya que, según usted, es un gran secreto y nadie lo nota. Esos miedos ocultos que si llegara a la conclusión de enfrentarlos, las peleas serían menos desgastantes y no recurriría a toparse con la miseria humana cotidiana que opaca su belleza genuina.

 

Sé que en este instante se siente intimidado, casi al denudo, no se preocupe, afortunadamente está conversación parece pública, pero es privada, relájese, nadie lo está observando,  me refiero a sus pensamientos, este instante está ocurriendo sólo entre  usted y Dios. Ahora bien, ante seste momento  cómplice le propongo algo: ¿Qué tal si depone esos argumentos que son como cuchillos afilados y logra entrar a las distintas etapas de su vida, pero esta vez como espectador? 

Es sencillo, lo hará  haciendo un pequeño recorrido lento pero atento y encontrará donde se produjo esa creencia, ese miedo. Usted va a llegar más rápido de lo que se imagina. Claro, como el cuento del perro, debe atreverse a enfrentar esa realidad, recuerde, solo va a enfrentar una creencia, ese pensamiento del pasado que lo atormenta y es la consecuencia de su vida presente. 

Causa y efecto. Si logra observase como un espectador y con vista de águila, desde lo alto, se dará cuenta  de muchos asuntos doloroso que hasta prefiere no recordar, el objetivo es erradicar la creencia y sanarla, eso ya pasó, recuerde dos cosas importantes: primero, no tiene sentido seguir anclado en el pasado y segundo, todo en la vida se puede superar.

  

Existen enseñanzas disfrazadas de dolor, son nuestras memorias tóxicas que se presentan para que las sanemos y les digamos: “gracias por mostrarme ese lado que debo superar, las amo y estoy dispuesto a dejarlas marchar. Gracias”.  Pregúntese, además, por qué continuar enganchado en esa creencia que lo anula y lo hace sufrir tanto. Es que acaso, sin querer ¿Le gustó el papel de víctima y se convirtió en manipulador lastimero?

 

Lo invito a   vivir la experiencia de reconciliarse con usted mismo, eso lleva tiempo y paciencia, pero vamos a tomar la decisión de amarnos. Cuando nos encontremos nuevamente con ese pensamiento que nos anula y nos dice: “¡viste! Eres bruto, feo…”.  Dígase: “¡Un momento!”, haga una pausa y, aunque al principio sea un acto automático, quizás usted mismo, ni se lo crea. Pero hágalo el obediente subconsciente hará su trabajo, sustituya esa creencia, es una simple creencia que por alguna razón le dio más importancia que a su vida misma y dejó que está guiará sus pasos; hable con el Padre y pídale su ayuda.

 

“Querido Dios: Camina delante de mí y ayúdame a reencontrarme con mi ser genuino a través de ti. Gracias. Te amo”. Siga adelante, será una experiencia maravillosa, recuerde la verdad que hemos escuchado desde niños, pero que algunos tampoco hemos creído en su totalidad. Fuimos creados a  imagen y semejanza del Todopoderoso. Ame  y libere sus memorias tóxicas, dolorosas e ideas erróneas; enfrente sus mentiras y rescate a ese hermosos ser que vive dentro de usted a quien, hasta ahora, lo tenía ahogado con mentiras, máscaras y creencias inválidas.

 

Encuéntrese y viva intensamente lo que hasta ahora no se ha permitido. Nacimos para triunfar y ser felices, es un regalo por el cual no hay que luchar, está allí, sólo es decisión. Como en el cuento sufí, usted puede decir: “gracias a las enseñanzas de un perro sabio que me ayudó a descubrir lo simple que es enfrentar nuestras grandes verdades y conquistarnos”.

@tania_comunica

 

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